Los gemelos acúfenos/ tinnifus

Se llaman Acu y feno. Hace algún tiempo se alojan en mis conductos/pabellones auditivos. 
Recuerdo como si fuera hoy, el día que despertaron. Fue un día clave. Había recibido las notas y al entregar el resultado, recibí un dolor lacerante en la zona lumbar, el cual provocó que me curvase hacia adelante. Aulle cómo una loca hasta caer. Se hizo el vacío y cuándo desperté, un sonido chirriante taladraba/ traspasaba  mis oídos. A partir de ahí fue una constante. Mamá me llevó al señor  otorrino. Me hizo unas pruebas. Durante estás, mis ruidos se intensificaron. 
El diagnóstico  fue que sufría de acúfenos, 
Tiene que llevar una vida lo más tranquila posible_comunicó a mamá. Tranquila? Imposible_ pensé. Mi vida es demasiado agitada. Este problema es de origen psicosomático _ añadió. No tiene solución.Es primordial evitar y controlar cualquier alteración.  Sino es así, los acúfenos se dispararán. Psico.... Qué? _ intenté repetir. Dirigi una mirada llorona a mi madre. Por favor, mamá ! Dile a este señor que me dé algo para quitarme este dolor. No lo soporto. _suplique. Gruesos lagrimones descendían por mis mejillas mientras mamá, con gesto serio, miraba al doctor y a mí, simultáneamente/  Tras la visita al médico, mi vida se convirtió  en una tortura constante.
Acu y feno, mis gemelos, convivian conmigo tras aquel fatídico incidente. 
Bien compenetrados, se dejaban sentir en lo cotidiano y alcanzaban una vibración superior,en cuanto la tensión nerviosa se disparaba con los exámenes. En casa, no iba el tema mejor. Al más mínimo altercado con mis padres, se presentaban en compañía de Doña Jaqueca. Ni siquiera la noche representaba el descanso total,
aunque he de admitir que al menos, descendían los decibelios. Era un sonido tan tan pesado.... Pero cómo son acú y feno ?  El sonido que más los identificaría sería el de una 🪚 de cortar leña. El momento en que los dientes se hunden  en la madera, es el inicio de mi calvario. Cuando el ruido aparece, perfora hasta las entrañas.
Ni la edad del pavo fue una excepción. 
En el momento crucial, a solas con un muchacho, a dos milímetros escasos del primer 💋 beso se activaron al nivel máximo y claro, me desconcentre.
Te pasa algo? _ preguntó el chorvo.
No sé ni cómo le escuché, a juzgar por la cara de panolis que mostré. 
Nada, nada _ contesté. Agarré su cuello, acercándolo hacía mí, entreabrí los labios dispuesta a culminar aquel contacto, pese aquella banda sonora irritante y desafinada. Que decir de cuando el sexo pasaba a mayores. A mayor entrega, mis gemelos más activados se encontraban y aquello parecía una bacanal. En algún momento, el placer era interrumpido por aquel ruido infernal y sólo deseaba acabar rapidito. El episodio me condujo directamente a terapia. Allá encontré la solución al problema. Convertirme en amiga de los gemelos. Escuchar con atención y no con resistencia, aquel sonido familiar. No centrarme en la acción, sino en el desenlace_ argumentaba aquel entendido. Al principio, me costaba esfuerzo no centrar mi atención en la desagradable tajo/ incisión en la madera.
Pero poco a poco, me concentre en visualizar objetos, situaciones, lugares ajenos a la molesta vibración. Mi objetivo, no entrar en conflicto con mis gemelos.
E incluso me permití un diálogo amable con ellos cuando comenzaban a subir de tono. Hagamos un trato_ les propuse un día. Y a partir de ahí, llegó la calma.



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