Pequeño gesto

Siempre que la miró me conmueve aquel gesto. Previa liturgia la de  colocarse el dedal de plata en el meñique. Este objeto, imprescindib, a veces, presenta variopintos materiales según su origen. La colección es extensa, mi preferida es uno de un delicado nácar cuya imágen representa un baobab , símbolo de África.
Pero su fetiche, el que atesora desde los quince años cuando iba a aprender el casi eliminado oficio de la costura, al cual ha donado su vista durante años, décadas, bien a mano o en su legendaria  singer, es este de plata que forma tenues ondas y el que milagrosamente no se ha desvirtuado por el uso. Con el meñique cubierto para protegerle de posibles pinchazos, prepara el hilo, casi siempre a tono con el color de la prenda,  y habiendo una paleta de incontables colores, salvo raras ocasiones en que escrupulosa ella, lo elige en un tono ascendente o descendiente al color del vestido, falda, pantalón o camisa.
Procede a ensalivar el hilo, gesto reconocido  desde que vine al mundo y que siempre me fascina porque lejos de ser fugaz, lo realiza meticulosa, con la pericia de un cirujano minutos antes de practicar una incisión así que se toma su tiempo para a continuación, situar el finísimo hilo en el diminuto agujero de la aguja. Maniobra que requiere de una gran templanza en el pulso, el suyo rara vez titubea pero exige de una gran concentración por su parte así como de una infinita paciencia y determinación. La misma que ejecuta la acción de enhebrar la aguja, de penetrar sin demora el hilo por la abertura de la aguja aunque pese a la maestría de la experiencia, a veces, el hilo  resbala y se ve forzada a repetir la operación , tantas veces hasta conseguir el  objetivo.
Un prolongado suspiro precede a la victoria que remata el final  cuando tras el esfuerzo, coloca la montura de sus lentes que descendían  a media nariz, al comienzo .de esta
Ya serena da la primera puntada.







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